¡¿NOBEL DE QUÉ?!

¡¿NOBEL DE QUÉ?!

Muchos fuimos los que nos quedamos helados, paralelepípedos y turulatos cuando, hace dos meses, se anunció a Barack Hussein Obama, mi negro criado en Hawaii y que recién lleva un año como presidente de los Estados Unidos, como el acreedor del Premio Nobel de la Paz modelo 2009.

“¡¿Nobel de qué?!”, fue la exclamación más común en muchas partes del mundo, en los más diversos idiomas. Y es que de verdad llamó la atención que se le diera este galardón a un tipo que apenas suma rodaje como líder, que no había sido claro sobre las guerras en Irak y Afganistán, y cuya única gracia es ser el primer presidente negro de los gringos. Es como si le hubieran dado, no sé, un Altazor a la Michelle en pleno conflicto pingüino. Si es que se entiende la analogía.

Ahora, las palabras del grone fueron de antología cuando le entregaron el galvano, como puede ver en el mono que nos robamos de Reuters: apenas después de anunciar que aumentaría en 30 mil el número de efectivos en Medio Oriente, aseguró que “la guerra es necesaria para asegurar la paz”. Clarito el hombre, cayendo en un cliché tan pero tan repetido como inútil; lamentóse además de mandar a tantos jóvenes “a matar… y a morir” para esos lados, como dolido por la obligatoriedad del servicio militar. Pero sin ganas de sacarlo.

Claramente, en la Academia sueca se apuraron mucho en darle este premio a Obama. Cayeron en pánico, o se subieron a la ola, y le entregaron el galvano a cuenta de “lo que puede llegar a hacer”, que es siempre una actitud peligrosa. En 1973 hicieron lo mismo, cuando se lo dieron a un Henry Kissinger que prometió terminar pronto la guerra en Vietnam, entre otras vainas. Y ya ve usted que no cumplió mucho con la palabra, dejando la valía del premio por el suelo.

O ahora que se lo dieron a Al Gore en 2007 por su  renovada preocupación ambiental (igual no firmaste el protocolo de Kyoto), cuando le quieren quitar el Oscar a “Una verdad incómoda”, el documental en el que aparece como presentador y promotor, porque incluiría algunos datos erróneos, que lo deja fuera de categoría.

O sea, parece que es frecuente que en el ítem “Paz” premien las buenas intenciones con mucho marketing. Así que desde ya nos ponemos en campaña para llevar a Aquiles al Nobel 2010, año del Bicentenario, porque hasta cuando quiere dañar a la naturaleza no puede. Mientras convencemos a ese pan de dios, nos queda la sensación de que Obama se convierte en un pastelazo. Pero con categoría: avalado por el Nobel, y por un séquito de aduladores. Parece que en todo el mundo se cuecen habas…

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el resumen formal dice que soy estudiante de noveno semestre de periodismo en la universidad de chile, licenciado en comunicación social, y con un paso como estudiante de intercambio académico en los estados juntos en el primer semestre; además, colaboro con la cooperativa, en lo que sea necesario. si hablamos de lo personal, soy un gran deportista mental, proyecto de melómano sin vías de cumplirse, con poco que decir y mucho que compartir.