“Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa”. Si Picarte lo dijo, debe ser verdad. Qué les puedo decir yo: que una cosa es imaginarte haciendo algo, y otra muy distinta es estar efectivamente haciéndolo. Quizás a todos les ha pasado, eso espero, pero las últimas cosas en mi vida me han hecho pensar mucho en esto.
Hace casi una semana llegué a Washington, en el District of Columbia, donde ya estoy comenzando mis clases como alumno de intercambio. Poniéndole bueno, como chileno no más po choro, con corazón y talento. Y claro, sin caer en la maravilla absoluta, que esto no es el paraíso, carajo, sí hay mucho que aprender fuera de las aulas. De cultura, de tolerancia, de no discriminación, de colaboratividad, de compartir. De aprender a vivir en “otro orden”.
Como en cualquier lugar, cualquiera, hay muchas cosas que ver (fervientemente creo que toda ciudad tiene su atractivo, incluso San Antonio). La cosa es arriesgarse, caminar, conocer, subirse al metro o al bus y recorrer, perderse, conversar. Perder ese miedo tan chileno a preguntar o a conocer algo que sale de nuestras fronteras, justamente porque es distinto a lo que acostumbramos. Es la mejor forma de poder decir a la vuelta que uno estuvo, de verdad y como se debe, en el lugar que te timbró el pasaporte.
Es lo que estoy haciendo por ahora, disfrutando de muchas cosas que jamás pensé ni imaginé. O sea, pensé mucho en qué sería llegar aquí, a participar de esta cosa, a tener clases en inglés, a trabajar en un universo completamente diferente al mío. Y es totalmente otra cosa, mejor que la ficción, porque te das cuenta que en la realidad tienes mucho más que hacer, y más tiempo, que lo que nunca presupuestaste.
Aunque se vea egocéntrico, me parece que lo mejor que podía escribir es sobre esto. Y mi invitación, igual que hace algunos meses, es a abrir la mirada. A no negarse posibilidades, a no cerrarse a nada. Cabros: están en la universidad. De verdad son los mejores años de sus vidas. O el comienzo de ellos. Y vivan como los vivan, la cosa es que los disfruten. Porque nunca saben dónde pueden llegar, dónde puede llevarlos su esfuerzo. Sólo ustedes pueden decidir sobre el curso de su vida. Háganlo.
Puede ser que en algún minuto los lleve a estar como yo, congelado pero feliz a mediodía en una ciudad del mundo.

Ese arranque egocéntrico es uno de esos que se califican como provechosos. Una notable lección que muchos no aprenderemos sino mucho después de haber dado el último paso en estos pastos gomezmillanos.
es un poco la idea… hacer, aunque sea mínimamente, un aporte en este paso que es la educación universitaria. porque, al final, más que lo que aprendes en el aula, de verdad lo fundamental es lo que aprendes fuera de ella.