AGUJA O NO AGUJA…

AGUJA O NO AGUJA…

El sexto cumpleaños de nuestro querido Aguja se enmarca en un contexto en el cual no podemos hacernos los locos. Algo ha pasado, no somos los mismos de antes.

Pero si miramos hacia la historia, El Aguja es eminentemente un medio caprichoso. Y lo digo así porque tratar de entender su dinámica se hace tan dificultoso incluso para quien escribe estas líneas, sin perjuicio de la nostalgia que produce poner online una edición más que contrasta mucho con los tiempos de gloria.

No es éste el momento de grupos de trabajo multitudinarios, de reuniones de pautas en largas mesas en la hora de almuerzo, de penqueos de alta investidura desde el tercer piso, de correr a cubrir una noticia de la U con equipamiento humilde o simplemente de reírnos por las pelotudeces que escribíamos. Aciertos y errores que fueron, al fin y al cabo, dejando nuestro trabajo como un testimonio más de historia, al menos con nuestra marca.

Es muy prematuro concluir ahora cuál ha sido nuestro real aporte a la comunidad del ICEI, pero ha sido reconfortante pensar que en algún momento lo estuvimos haciendo. Nuestro silencio hoy no se ha debido a que terminantemente hayamos “parado las prensas” y nos vayamos para la casa. Es quizás por eso que no queríamos dejar pasar éste, nuestro once, como el cumpleaños de este boletín.

Una tarea para la casa es pensar en las convicciones. Cuales han sido los puntos de encuentro que nos han dado alegrías, victorias y reconocimientos. En qué medida, al pasar el tiempo ya en esta escuela, hemos aprendido qué ha sido lo que realmente nos hace crecer, como personas, como compañeros, como periodistas. Vale recordar que El Aguja nació cuando no teníamos ningún atisbo de profesionalismo. Hoy se hacen evidentes las contradicciones obvias entre algo aficionado y algo con real intención de avanzar hacia el ejercicio profesional de calidad.

Es incertidumbre, claro. Quienes estamos detrás de este medio (a veces 20, a veces dos), hemos sabido de sacarnos la cresta, creernos la muerte y morder el pasto. Pero es justo también considerar que las personas que en algún momento pasaron por nuestras filas estén en un momento de merecer más, de tener el placer (al fin y al cabo y abstrayéndonos de las supuestas polémicas) de que otros tengan la misma iniciativa de no quedarse callados, cada cual con su modo. Es lo que va quedando cuando miras hacia atrás, lo que ayer era el papel marginal con nuestra tinta de puño y letra y las palabras de nuevos estudiantes que hoy esperan dejar su marca.

No es una despedida, porque quienes formaron y formamos El Aguja aún estamos acá. Siempre habrá en algún momento esa sustancia que nos movió ayer simplemente a hacer cosas. Sinceramente en más de alguno de nosotros radica la tal vez ingenua esperanza de poder elevar nuevamente este volantín que voló y cayó varias veces desde 2004. Quién sabe si mañana nos encontraremos de nuevo en esta página comentando una marcha, un carrete o una nueva revolución.

La única certeza es que queremos dar las gracias por el apañe, en los buenos y en los malos tiempos. Como diría el mismo Cerati, quien cumple años igual que nosotros, Gracias Totales.

About the Author

Estudiante de periodismo de la Universidad de Chile. Director fundador de El Aguja en 2004.