Carlos Ossa: MI HISTORIA DE OTRO “GORDO TRISTE”

Carlos Ossa: MI HISTORIA DE OTRO “GORDO TRISTE”

¿Cómo describir a una persona que en realidad no conoces? ¿Una que sólo da muestras de su sello en lugar de su cara?

Por Catalina “Shann” Marilao

“La lengua que así nace es una lengua que tiene un poder constituyente porque no solamente está destinada a explicar, sino también tiene el poder de contar una realidad, ahí, donde otros no pueden imaginarla. Entonces la capacidad insatisfactoria está marcada por este hecho.”

A lo mejor ese extracto de grabación que alguna vez hice responda de alguna manera a las preguntas iniciales (en idioma Ossa, claro está); pero siendo sincera, la pura verdad es que de hecho, es imposible.

Llegar y plantarte a relatar la historia de una persona que no se muestra a sí misma como debe ser, sino que apenas llega a la sala y limpia sus lentes o bebe los últimos sorbos del café o se acomoda la gruesa chaqueta, empieza a hablar de lengua, poder, representación y de cómo todo eso mezclado y revuelto termina siendo lo que mueve al mundo y a todos los que estamos dentro, incluso aunque nos imaginemos fuera.

Por eso es un contraste interesante el encontrar una historia personal en medio de un libro. Entrever, casualmente con el famoso lenguaje, aunque fuera la punta del iceberg, ya no sólo el sello, también un pedacito de la cara del profe.

Y lo más extraño, descubrirlo en medio de esas palabras. Porque aquel tango que hablaba de un “gordo triste”, a mi parecer, fue una premonición. Consiente o accidente, quién sabe. Desde este lado de la moneda no alcanzo a verlo.

Lo que sí veo; más allá del viejo que hablaba y hablaba una mañana de jueves, cuando el peso de insomnio de toda la semana comenzaba a hacerse presente bajo tus ojos y en la respiración apesumbrada de tus compañeros; es un sujeto que de una forma u otra si ha cumplido ese famoso cuento de volverse autor en el lenguaje.

Un sujeto, el profe de mirada triste y caminar lento, que llega a personificar, en carne y hueso su ideal de destruir tu pacífico y feliz mundo, para obligarte, al menos una vez a la semana, a hacer uso de tu “encéfalo altamente desarrollado y tu pulgar oponible” para entender cómo es posible que, por ejemplo, un simple documental pueda dar pueda describir tan eficiente y objetivamente la realidad y a la vez… no mostrarla. Porque, después de todo, la objetividad no existe…

“Hay lenguas que solamente describen, pero hay otras lenguas que pueden interpretar y para hacerlo crea cosas que antes no estaban que nacen con esa lengua.”

Mi tarea aquí  es describir, pero hoy, en una volá shúper loca, más bien quise interpretar. Porque si fuera por describir, con colarse a una clase basta y sobra para entender el funcionamiento de una persona que está ahí para cumplir su labor.

Una persona que de una forma u otra termina por convertirse, apropósito o no, en otro “gordo triste”.

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Estudiante de periodismo y blablante profesional... A propósito, soy la Shann :D