EL AGUJA, edición Nº 4
16 de Marzo de 2009
Estimable Putazo:
No lo conozco ni creo que lo conozca, por lo pronto. Pero no deja de llamarme la atención su respuesta a la misiva del joven Aquiles Castro. En resumidas cuentas, le dice que la carga que trae desde el colegio, el ser un “loser”, es un karma que no podrá despejar ni renaciendo unas dos docenas de veces.
No puedo estar más en desacuerdo, Putazo. Te lo digo, desde mi propia experiencia. No sé cuál habrá sido la tuya, pero la mía es bastante distinta. Y como cada uno vive lo que debe vivir, quizás sea bueno conversarlo.
Porque yo era bastante, bastante loser en el colegio, si me preguntas. Estigmatizado como mateo porque me preocupaba de mi rendimiento (creo que fui uno de los pocos con conciencia de lo que significa NEM), se asociaba a mí una imagen de aburrimiento extremo. Sí, puedo ser muy aburrido, pero no siempre. Como todos, si encuentras un hilo de conversación, puedes estar cinco horas hablando. O toda una noche. No soy la excepción.
Y claro, el entrar a la U supone un GRAN cambio. Que tienes un montón de posibilidades, nuevas cosas para probar (incluyendo cosas que nunca experimenté y no quiero volver a experimentar), y así hasta el infinito. Pero, ¿sabes?, esos cambios pasan directamente por uno mismo.
No se trata, tampoco, de que un loserillo empedernido se convierta, res gratia, en un winner consumado. En lo absoluto. Pero sí representa una magnífica oportunidad para tener un nuevo comienzo. Y eso no significa negar lo que fuiste para ser lo que serás.
De hecho, en la universidad se da ese maravilloso cambio en la mentalidad de la gente joven (en especial las féminas, de tanto interés para usted) en el que te fijas más en la personalidad que en la persona. Y así es como ese tipo increíblemente feo se entiende de maravillas con la pinturita de tu facultad. O la mina perna que está con el rompecorazones de tu curso. ¿Me entiende? Ya la cosa deja de pasar por el cuerpo (aunque igual importa, no es para tanto), y empieza a importar cómo eres. Y los mejores amigos se convierten en novios. Y todo se llena de unicornios.
Qué le digo, entonces. Nunca me he considerado un winner, aunque a veces me han dicho que lo soy. Prefiero ser un loser con buena suerte. Porque te da tiempo para ser mejor persona. Y porque sólo atraes cosas buenas a tu alrededor.
Putazo: concédale una oportunidad a los queribles mechones. No dudo de sus artes adivinatorias, pero recuerde que en esta tierra de pluralismo, tolerancia y pseudolibertad de expresión, en este paisaje llamado ICEI, todo es posible. Basta recordar la historia reciente…
Déjelos que vivan y que hagan. Esta semana experimentarán el amor libre de Cartagua. ¿Y por qué no…?
Me despido atentamente de usted, Putazo.
