EL BILLETE DE $500

EL BILLETE DE $500

Creo que a partir de los 8 años pude salir de compras solita. Recuerdo que siempre andaba con billetes de luca o de 500. Me gustaba ver la cara insípida de Pedro De Valdivia, con su bigote a lo Quijote y su incipiente calvicie. A veces se me confundían los billetes; pasaba 500 en lugar de luca.

Difícil fue acostumbrarme a la moneda nueva que reemplazó a nuestro querido billetito. Cuando se me caían los dientes, siempre había un billete de 500 bajo mi almohada. Si me daban plata, eran sus 500 pesitos.

Aprendí a contabilizar los billetes, a separar los de 10 lucas de los de 5. Luego, agrupar los billetes de luca, para luego finalizar con los de 500 pesos. No hubo caso; tardé un año en adaptarme a las relucientes monedas nuevas.

Muchos intentaron conservar el billete antes de que lo sacaran de circulación. Pocos se jactan de tener aquel tesoro. Nunca se me ocurrió guardar uno, porque las monedas nuevas terminaron por encandilarme, como si se tratase del descubrimiento de un juguete nuevo.

Como dije anteriormente, mi ratoncito de los dientes me dejaba 500 pesos durante la noche. Una vez, al pobre roedor se le olvidó dejarme la recompensa. Entonces me encontré con el monedero de mi mamá y ahí encontré mis 500 pesos. Por supuesto, todos se cagaron de la risa. Yo también, a mis 19 años, suelto una gran carcajada cuando me hablan del ratoncito y el billete desaparecido.

Dicen por ahí que nada es imprescindible. Algún día, los billetes de luca pasarán a la historia. El dinero plástico se multiplica como levadura. El cheque también se transformó en una víctima más. Si tienes un billete de 500, cuídalo, por si se te acaban los cuentos de hadas, la leyenda de la cigüeña y las canciones de cuna.

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Reportera, cronista, coleccionista de recuerdos viejos y no tan viejos. Voto por la democracia en You Tube, aspiro vestirme al estilo setentero y quiero todas las Ritmos del mundo en mi casa.