Al igual que en el país de los no videntes, en la cancha el tuerto es rey. No mucho más que eso es el caso de la U, que consiguió un empate marcado por la deficiencia del rival.
No se trata de bajarle los humos al equipo chuncho, sino que de un poco de sentido común. Al pan pan, vino vino: un partido en el que partes perdiendo por un autogol y uno conectado al quinto bote no se puede llamar heroico. Tampoco un encuentro en el que consigues un postrero empate gracias a un par de jugadores que tan sólo en ese momento de contragolpe se iluminaron como por gracia divina.
Mucho se ha hablado de la crisis azul y al parecer al Pepe Basualdo las cosas se le complican en el banco azul. Unos dicen que le están haciendo la cama y otros dicen que el bajón es producto del cansancio: lo único claro es que los azules que hoy se pasean por los pastos del mundo (distinta sería la situación si tuvieran estadio) se alejan bastante de los que lograron el campeonato de apertura.
Seamos claros, la U le ganó al último clasificado del Brasileirao. “Es que el fútbol brasuca es otra vaina” se dirá por ahí, pero lo cierto es que un colista es colista aquí y en la quebrada del ají, y el factor anímico ya es bastante decidor como para desestimar las falencias del Flu.
Caso aparte y diametralmente opuesto es el de Miguel Pinto, uno que pese a las cagaditas que se manda de cuando en vez, cada día está más cerca de sacar pasajes a un club importante del extranjero. Si Claudio Bravo no tuviera un rendimiento superlativo en la roja, estaríamos tranquilos con Miguelucho bajo los tres palos, mientras tanto… la 12 es sólo de él.
Para cerrar, una sola reflexión: La Universidad de Chile tuvo un empate meritorio. Meritorio porque fue tan mala como el otro equipo…
