Es probable que alguno de ustedes haya condenado a la Teletón, considerándola un circo televisivo donde las empresas donaban el vuelto del pan o de sus ganancias en esos días para los discapacitados. Las instituciones benéficas creadas por gente ” de bien” que bajara de sus 4×4 para darle migajas a los pobres, con el fin de irse con la conciencia tranquila y dejar las cosas como están, a la par de esa iglesia que según usted debería vender hasta las chalas de los sacerdotes para esos pobres que ellos dicen considerar como la imagen de cristo.
Lo cierto es que este fin de semana, nos perdimos la transmisión abierta de la copa Davis para presenciar algo distinto. Siempre la teletón ha ido en forma gradual, con una campaña previa y una organización calendarizada para aportar a personas que no sólo podemos considerar en la abstracta frase “son parte de nuestra sociedad”, sino que muchos conocen casos relativamente lejanos de discapacitados, y otros hemos tenido la experiencia de vivirlo en nuestra propia familia.
Sin embargo esta vez no había esa intención de poder entregarles a estos niños discapacitados una esperanza a a futuro, un compromiso de que confiaran en sus compatriotas porque con sus aportes tendrían que viajar mucho menos para tener un centro de rehabilitación. No, ahora el llamado no ofrecía un futuro mas pleno para los habitantes de la costa del maule o del bio bio, o por lo menos no tan pleno como su situación anterior, sino que tenía como fin hacer un llamado a todos quienes quedaron mejor parados para aportar a permitir la subsistencia de todos a quienes la naturaleza les recordó de forma mas dura que nosotros somos sus huéspedes, y que nuestras vitaminas C, nuestras cenizas, nuestros cordones de zapatillas y nuestros restos fúnebres quedarán depositados en la superficie de nuestra tierra. Pero ella estará ahi, inamovible mientras nosotros desaparezcamos en su inmensidad.
Entonces había que recurrir de la forma que fuera a entregar nuestra solidaridad con nuestra propia nación, la intención de aportar para que incluso, las mismas playas donde estuvimos en el verano, los barrios donde compartimos con nuestros familiares fuera de nuestro hogar y los pequeños pueblos donde nos enorgullecimos de haber nacido en un pais que se da el lujo de generar localidades tan hermosas. Todo teñido de ese manto de tristeza con el que tendremos que aprender a lidiar por mucho tiempo.
Muchos ya empezaron desde mucho antes que hoy, pero la Teletón permitió centralizar en ese espacio público que siempre ha tenido la capacidad de unirnos por 24 horas por un fín (¿Cuántos espacios se dan el lujo de hacerlo?) antes para los discapacitados, ahora para todos. Llama la atención el tema de hasta qué punto necesitamos mas testimonios ante el shock de ir cada vez escuchando un horror peor al anterior, después de la incertidumbre de tener a alguien perdido en la zona, de pensar por qué uno merece estar tan bien como está mientras otros tan chilenos como nosotros perdieron en el mejor de los casos, todo lo que tenían, y en el peor su vida.
Es obvio que no todos somos un Yuraszeck para donar miles de millones, y que también tenemos la necesidad de ayudar, pero los miles de millones llegarán una vez, y tendremos la enorme tarea de aportar para generar conciencia frente al poder de los sismos. La ayuda no termina ahora.
Partimos hablando de que a muchos la teletón podrá parecerles un espectáculo espantoso, de hecho el show de hoy no fue muy bueno, pero los ánimos no están para grandes espectáculos aún. Sin embargo, como en los otros casos podemos reprobar el actuar de esas instituciones, pero no podemos negar que la intención de cooperar es lo esencial. Incluso si por 24 horas hubieran puesto un gato chino y una canción de Edith Piaff, también las cooperaciones hubieran sido iguales.
Los dejo pensando que si hubiera mas ocasiones para cooperar asi, imagínense como sería este pais.
