JELOU MAI FREN! (PARTE 1)

JELOU MAI FREN! (PARTE 1)

Cuando usted, amable lectora, querido lector, lea estas líneas, yo estaré cumpliendo ya tres meses lejos del calcetín de tierra. En los Estados Unidos, para ser más precisos. No es que uno se convierta en experto en algo en poco tiempo: llevo cinco años en la U y aún no entiendo cómo rayos funciona la Torre 15; pero sí he tenido que lidiar, por así decirlo, con la vida cotidiana en estos pagos. Y, bueno, siempre hay algo que se pueda decir de ello, ¿no?, aunque sea algo mínimo. Además que el honorable directorio naranja, después de un tiempo alejado de los teclados agujones, me pidió hacer el ejercicio más básico cuando uno viaja lejos: comparar las cosas. Y, poniendo las cosas muy en perspectiva, el veredicto es que… Gringolandia no es el paraíso.

Ojo, que esto es una apreciación personal, y que además pretende extenderse por algunas semanas, hasta mi regreso a Chile, así que hay temas que omitiré por ahora en esta humilde columna. Pero, de todas maneras, la idea es cubrir todo cuanto se pueda. Y me parece que un buen inicio para esta semana, a propósito de Torre 15, sería hablar de asuntos de dinero. Porque en el país del dólar, los bonos hipergordos para tipos hipergordos que no saben hacer su pega y la cuna de la crisis subprime, si usted paga, usted tiene derecho prácticamente a todo.

Por ejemplo, si usted pagó, qué se yo, un elefante rosado de peluche de ocho pulgadas de trompa, usted obtiene el elefante rosado de peluche de ocho pulgadas de trompa. Sin excusas, sin “uy, es que la costura, es que la fábrica”, nada: si paga, usted es el rey de la tienda, y no hay más. Y no necesita tener un SERNAC a su lado para que le cumplan, porque el miedo a las demandas, que son una realidad, los tiene a todos rindiendo parejito.

Por lo mismo, también, las publicidades son bastante rigurosas en informar cuándo hablamos de un testimonio real, y cuándo de un actor pagado para “hacer de”. Los tipos se cuidan, es obvio, pero sí llama la atención la facilidad con que atacan a sus competidores en sus propias publicidades. ¿Se acuerda de los enredos cuando el Líder comparaba una boleta suya con una del Jumbo? Bueh, aquí eso es pan de cada día, y nadie se hace el menor problema. La consigna, al revés de lo que pasa en Chile, es que un consumidor informado es un mejor consumidor –total, de gastar va a gastar igual-.

Y aunque el costo de la vida es bastante alto, el que busca descuentos y rebajas siempre los encuentra. Además de los locales para comprar comida por montones y más barata, hay algo que siempre rinde: los clubes de socios y consumidores. Tan fácil como firmar una hojita, y comienza el festival del ahorro, atendiendo a ofertas semanales que cada súper y cada local pone en los mostradores. Si lo necesita alguna vez, hágalo: para estos tipos no hay nada mejor que hacer sentir a cada cliente como si estuviera en su propia casa. Lo malo, es que tanta gracia sacrifica, en muchos casos, los salarios de los empleados. Pero eso quedará para la próxima semana.

About the Author

el resumen formal dice que soy estudiante de noveno semestre de periodismo en la universidad de chile, licenciado en comunicación social, y con un paso como estudiante de intercambio académico en los estados juntos en el primer semestre; además, colaboro con la cooperativa, en lo que sea necesario. si hablamos de lo personal, soy un gran deportista mental, proyecto de melómano sin vías de cumplirse, con poco que decir y mucho que compartir.