Es que Jennifer Abate no es sólo una ayudante; es LA ayudante. Y con eso lo digo todo.
¿Cómo hablar de ella sin parecer uno de los babosos alumnos ICEIenses que lloran por lo pasillos cuando no la tienen cerca?
Difícil tarea.
Partiendo por lo más básico, si te sientes enredado o estás al borde de la desesperación, cosa que suele pasar cada cierto tiempo, sobretodo a fin del semestre o ad portas de una prueba de cierto queridísimo profesor de barbas blancas, justo cuando piensas en el cómic-izado “¡Oh! Quién podrá ayudarnos”… Paparapám, ahí está ella.
“A mí lo que más me gusta de todas las cosas que hago es ser ayudante, lejos, lejos. Entonces, que ellos sientan que de verdad los ayudo o que lo que pueda transmitirles es un aporte, me hace pensar que hago bien mi pega”.
Supongo que esa puede ser una de las razones por las que (aventurando) muchos (ejem incluida la mayoría masculina del staff agujón en pleno, más Aquiles que vive y muere por ella) han caído rendidos a sus pies…
Claro que también es la experiencia lo que condimenta todo, “obviamente con el tiempo uno va aprendiendo cosas nuevas, y todas ellas las vas incorporando a lo que compartes en clases… La experiencia es algo muy bueno, pero no es lo único: me gusta ver cómo se han ido incorporando nuevos ayudantes al ICEI”. Saludos también a ellos.
Pero en todo caso esta volá de transformarla en figura, románticamente hablando, no es tan superficial, hay que reconocer el gran mérito de la muchacha…
De hecho, justo este semestre, por motivos diversos, tema de horario y los respectivos etcéteras la alejaron un poco de todo el mundo universitario, todavía la ayudante es capaz de hacer malabares para mantenerse cerca.
“Yo creo que la docencia, en amplio espectro, es una cuestión que hay que tomarse muy en serio: por supuesto no soy una docente, aunque con el tiempo me encantaría serlo, pero de uno u otro modo con tu trabajo estás formando personas, contribuyendo con una pequeña dosis a que ellos se conviertan en profesionales, por lo que debes tratar siempre de hacerlo lo mejor posible”.
Y por esas mismas ganas de hacer el bien, vuelvo a insistir en que aquí la necesitamos. Después de todo, ¿Quién más podría traducir al español chileno algunas de las enseñanzas más astrales del maestro de la redacción a quién ha llegado a reconocer (metafóricamente) como su padre?
“Por supuesto que en lo formal le tengo el respeto que se merece como docente, pero en un sentido más personal le tengo un cariño infinito. Ha sido la persona que más ha contribuido a lo que pueda o no ser como profesional”.
Claro, eso también para el resto del mundo. “Yo creo en la liberalización del conocimiento, caleta, y tu misión como periodista es abrir escenarios para la mayor cantidad de gente posible, no escribirle a diez locos muy cultos”.
Así es ella, simplemente una chica que ha vivido su cuarto de siglo feliz; trabajando consecuentemente de forma en que, con el permiso correspondiente del autor, siempre, o quizás casi siempre, se pueda decir Jenny was a friend of mine.

grande shann! y más grande la sita jenny! (pura grandeza por estos lados)
Bacán Jenny; ojalá yo pueda ser una ayudante tan respetada y querida como tú. Cuando nos veamos te pido unos consejitos, e intercambiamos experiencias (aunque tú me ganas por goleada, of course).
Gracias por toda tu ayuda, no sólo en lo estrictamente académico, sino a sentirme más confiada de lo que sabía. Gracias a esos espaldarazos enfrenté varias pruebas con mucha, muuucha calma.
Qué lindo el cariño de tus alumnos y compañeritos menores, Jen! Te lo mereces!
Ojalá algún día te vea de profe, sucediendo al viejito pascuero muñoz.