LA REVANCHA DE LOS EBRIODISTAS

LA REVANCHA DE LOS EBRIODISTAS

El mechoneo 2009 fue una respuesta al “acto de amor” que recibimos el año pasado. Quienes quedaron conformes ese día estaban dispuestos a celebrar. Los que no, aceptaron obedientes su sentencia.

EL AGUJA, edición Nº 4

16 de marzo de  2009

Digamos que el número 11 es una cifra cabalística en la Universidad de Chile. Todo homo sapiens que ha tenido clases en el ICEI aprendió a punta de cátedras que ese número marcó toda una historia. Sin embargo, el 11 de marzo, a las 11 de la mañana, ocurrió un golpe que no necesariamente tuvo ribetes trágicos. La bienvenida sería algo más que una arenga a la libertad de expresión, como se suele dictar por estos lares.

Según los balances logísticos de nuestro servicio macabro de inteligencia, 10 de 17 mechones habían escogido a la PUC (Universidad Católica, para los que no cachan) como primera opción. Obviamente había que recibirlos de manera especial; quizá no con alfombra roja, pero sí con una sonrisa radiante y maléfica.

En cuanto a la organización, las ideas se multiplicaban como bacterias: prueba de actualidad, sustos previos, kamasutra con globos, plátanos con leche condensada, mojarlos con agua, vinagre, harina, purpurina (o brillantina, escarcha), manjar, conspiración docente… Toda esta superproducción digna de Spielberg tuvo como objetivo principal subsanar las caricias de algodón recibidas por los alumnos que nos habían mechoneado el año pasado.

La coordinación se gestó tanto en reuniones en los pastos del ICEI como en el mail del curso. El miércoles 11 quedó como fecha para la masacre. El lunes 9, los mechones ya habían recibido un anticipo del mechoneo. Hubo maquillaje para todos. Los pseudo novatos ya estaban identificados. No hubo restricciones para describir en los carteles el procedimiento de metamorfosis en el pelo, ropa y en los hedores. Y lo más importante: no habría piedad para las preferidas del señor Caneo, prócer nuestro conocido por su talento innato para hacer amigas.

A las 10 de la mañana, llegaron las primeras personas cargadas con los elementos ya conocidos: cordeles, betún, pasta de dientes, huevos, harina, vinagre, globos… Y habían otros novedosos: la sopa de espárragos en polvo patentada por el Ministerio de Salud, vino añejo, una especie de “caldo” muy rancio, un conjunto de juguetes para bromas y brillo labial.

En procesión caminamos hacia el ICEI para atajar a nuestras ovejas, quienes realizaban una prueba de actualidad adecuada a su intelecto (o al menos eso parecía). Entonces Raúl Muñoz y Gustavo “Gugo” González se retiraron raudos a su Olimpo.

Y comenzó el mechoneo.

Mientras tanto, quien les escribe peleaba como gato de espaldas para instalar el equipo de música, cedido por el famoso señor Caneo. El pañol era un desierto y nadie pudo (o nadie quiso) prestar un alargador. Cuando procedí a instalar el notebook y el subwoofer, ya se podía escuchar el cántico desabrido: “Sooooooomos, somos los mechones de la U / de la Universidad, ¡DE CHILE!”. Ahí desfilaban los nuevos compañeros, modelando con paso de esclavo el último grito de la moda, llenos de harina y pinturas.

Todos fueron marcados, recibieron su manguereo y siguieron hacia el cenicero, donde se realizarían las competencias acordadas. Sin embargo, la instalación del audio falló y los mechones terminaron frente al búnker, en círculo.

Eran tantos que me taparon la visión. Pero podía escuchar las órdenes de mis compañeros. Efectivamente hubo kamasutra, koala, chupa y sopla, condones con leche condensada, mechones rebeldes, reyes y reinas. También hubo risas y gritos cómplices, como también porfiados que no se atrevieron a masticar el plátano.

Luego, la orden de traer 15 lucas. Todos partieron raudos a cumplir su triste y cara misión, dejando una estela de mil olores flotando en el ICEI.

Pero como no hay primera sin segunda, surgió el mechoneo de Cine. Como no contaban con personal suficiente para realizar la labor macabra de ensuciarlos, entonces Periodismo intervino con alegría, utilizando el material restante del mechoneo anterior. Eso sí, los cineastas fueron algo más crudos: hubo bombardeo de jurel y revolcón en el barro.

Todas las opiniones que oí hablaron de un mechoneo espectacular. Sin duda dejamos la vara alta. Sólo nos faltó el tijereteo y el blondor, pero no es necesario, si podemos torturarlos con más ingenio y menos violencia. La generación ebriodista se anotó bastantes porotos en esta colosal bienvenida. Esperamos que la llegada del Bicentenario nos traiga un espectáculo cien veces mejor… si es posible, claro.

About the Author

Reportera, cronista, coleccionista de recuerdos viejos y no tan viejos. Voto por la democracia en You Tube, aspiro vestirme al estilo setentero y quiero todas las Ritmos del mundo en mi casa.