LO QUE NO SE DEBE HACER EN LA FILSA 2009

LO QUE NO SE DEBE HACER EN LA FILSA 2009

Empezó uno de los eventos culturales más importantes del año y El Aguja, a pesar de ser un equipo que no lee mucho, no ponía no estar allí. La Feria Internacional del libro de Santiago (FILSA) ya abrió sus puertas en la Estación Mapocho y es un panorama casi obligado durante los calurosos días de principios de noviembre.

Cerca de 200 escritores durante los 17 días del evento (del 30 de octubre al 15 de noviembre) estarán presentando sus obras, dando charlas, participando en mesas de debate, firmando libros y hasta dándose una que otra vueltecita por la feria.

A eso se le suman las más de 250 actividades culturales que comprenden  funciones de películas, pequeños conciertos, talleres para niños y presentaciones de danza y teatro, dándole así el título de “la fiesta cultural más importante de Chile”.

Si bien  todo esto pinta de “muy lindo”, siempre hay guateos heavys en este tipo de eventos. Muchas veces por culpa  de la organización o por culpa de la misma gente que acude para ver a su rockstar literario o a gastar sus moneditas en kilos y kilos de hojas que quizás nunca lea, pero si le van a demostrar a sus amigos su nivel “cultural”.

Así que si usted piensa andar por las tierras de Puente Cal y Canto, mejor asegúrese de una leyendo estas tres pequeñas recomendaciones, para no andar haciendo el loco  y salir con un sabor amargo de un evento que, desde lo más profundo de mi corazón le digo, vale la pena ir.

TRES: COMPRE TODO LO QUE TENGA QUE COMPRAR AFUERA (excepto libros claro está)

Una recomendación casi obvia, pero suele ocurrir que al momento en que uno se dirige a “x” lugar no piensa que posiblemente le de sed, o le den ganas de comerse su vituperio loco. Es por ello que siempre usted siempre podrá encontrar en este tipo de eventos sus localcito piola para engañar a la tripa.

El atado de ello es que en la feria un simple jugo en botella de vidrio (que en cualquier lugar cuesta entre $400 y $500) cuesta $700, cualquier sándwich (asumiendo que el más mula es queso-jamón) arriba de $1300, y las papas fritas (de esas envasadas) cuestan $500.

Es un hecho de que los libros son caros, pero que además estemos pagando extra por comer (y más encima por poder entrar a la feria), es un poquito de abuso ¿no? Si tanto se  reclama por que la cultura no llega a todos, se podría partir por liberar los accesos a ella.

DOS: NO SEA UN LAMEBOTAS

Imagínese que ha trabajado una buena cantidad de tiempo en informática, que más encima cada año tiene que estar dos semanas metido en una feria donde está rodeado de computadores, software, y todo ese ñoñerío que le recuerda a su pega, y que más encima tiene que aguantar a un grupito de hueones que lo están siguiendo por todos lados tratando de mostrarle el programa que ellos crearon ¿No encuentra que es medio incómodo?

Ande tranquilo,  no porque su ídolo literario/musical/televisivo ande por ahí, y usted lo salude significa que él lo va a tomar de buena manera. Trate de evitar regalos o hacerse el confianzudo… es una constante que todo el mundo odie a los lamebotas.

UNO: NO SE COMPRE TODO LO QUE LE DICEN

Si usted va caminando por los pasillos de la feria y de repente divisa una sala media extraña, con pinta de que algo hay adentro y es apetecible entrar, con una fila de gente ansiosa, y con una leyenda afuera que dice “Antofagasta en 3-D”, no pesque.

¿Por qué? Se preguntará usted, la cosa es simple: si quiere esperar quince minutos, para  ver una función “3D” que dura quince  minutos, con una introducción de imágenes (que no son “tridimensionales”) que dura los primeros siete  y con unas supuestas escenas sobresalientes que no son resultan, mejor pase de largo.

Una idea muy mal hecha ya que, para ver la “película”, se deben ocupar los típicos lentes con celofán azul/rojo para lograr el efecto de “relieve”. Como  el asunto es una lluvia de imágenes de la región, muchas tienen altos contenidos de azul y rojo, haciendo que los colores interrumpan el efecto y perdiendo el colorido original de las imágenes. Además no deja de ser curioso que “sin querer” aparezcan  carteles de Frei medio ocultos en las escenas.

Al salir uno queda como diciendo “¿ya y?”, porque se acaba de repente y ni siquiera uno se puede llevar los lentes. Pero qué le vamos a hacer, al fin y al cabo es una de las pocas cosas gratis que hay en la feria.

Ahora que tiene una noción de las cosas que no debe hacer, puede ir tranquilito a ver la feria, sus ofertitas, exposiciones, etc. Está bastante interesante y si no tiene entrada, bucee en la web, siempre hay invitaciones gratuitas en páginas relacionadas con autores o editoriales.

About the Author

Estudiante de 1º de Periodismo de la Chile Uno de los pocos periodistas (o proyecto de periodista) que se puede dar el lujo de decir que tiene título de mecánico industrial. Contacto: icea@elaguja.cl