“Los estudiantes deberían saber más de él”. La frase era el consenso de la emotiva reunión que se hizo el miércoles pasado en la sala que lleva su nombre en el ICEI. A 35 años de su detención y desaparición, el estudiante de periodismo de nuestra escuela fue homenajeado por sus amigos de la universidad y familiares.
El acto fue encabezado por Gustavo González, reconocido amigo de Durán. Con sentidas palabras, Gugo demostró que la impunidad no borra ninguna memorable acción que Luis realizó en sus tiempos de estudiante. Así lo reconocería María Elena Hermosilla, quien fuera ayudante y profesora del malogrado periodista.
Hermosilla contó que de Durán nacería la idea de enseñar periodismo a obreros y dirigentes sindicales clandestinamente en el gobierno de la unidad popular. Las clases las realizaban en la noche, tras firmar un convenio entre el centro de estudiantes y la CUT. Tras el golpe de estado, logró formar junto a sus compañeros la primera agencia de noticias opositora que envió noticias fuera de Chile. Fue el primer impulso para recuperar la fuerza en la prensa popular en las sombras del régimen militar.
Saludos desde varias partes del mundo llegaron para “Lucho”. Ernesto Carmona, editor de Morir es la Noticia, libro en el cual hay un relato sobre su vida y obra, a pesar de no conocerlo, también dedicó palabras a Durán. Destacó que su trabajo lucho contra el egoísmo que tuvo progresivo crecimiento y que hoy tiene en jaque a las instituciones gremiales. Hernán Miranda, Juan Pablo Muñoz y Faride Zerán también nutrieron el momento, apelando a la consecuencia que debe tener el ejercicio del periodismo de hoy, siguiendo el ejemplo de Durán. Esto se resume en búsqueda de la verdad, la vigencia de la rebeldía y la contrainformación.
El invitado especial a la ocasión fue el hermano, Harold Durán. Regresó desde el exilio a hacer patria por su fallecido hermano y dedicó un poema para él. Tras la lírica, el acto cúlmine fue el descubrimiento de una placa recordatoria al lado del quillay que se planto cinco años atrás en memoria del estudiante, cuando se cumplían tres décadas de su desaparición.
Harold Durán declaró que proyecta la obra de su hermano en las nuevas generaciones en función a “informar y decir la verdad aunque lo le agrade a nadie. Eso le valió una marginación. La filosofía de Lucho era rescatar eso, no afixiarnos, no morirnos. No podemos edificar una sociedad sin la libertad de expresión”.
Conociendo a Luis Durán
El “sonriente iluminado de la calle Los Aromos” nació en 1945 en Chillán. Para complacer a su madre, estudió medicina en la Universidad de Concepción, pero como muchos jóvenes, más adelante emprendió la carrera de sus amores en nuestra escuela: el periodismo.
Siendo el mayor de cuatro hermanos e hijo de padres separados, tuvo dotes de dirigente, siendo incluso presidente del Centro de Estudiantes de Periodismo. Militó en las Juventudes Comunistas y en el MAPU.
Los testimonios disponibles lo erigen como una persona comprensiva y atinada. “tenía buenas antenas para captar dónde le apretaba el zapato a su interlocutor” dice en el relato dedicado a él en Morir es la Noticia. Le decían “Mechón” porque su aspecto lo eternizaba como un joven al cual no le pasaron los años encima, y así ha sido el recuerdo que se ha perpetuado.
Luis Durán trabajo para el consejo de redacción de la revista Chilenuevo, y en el programa de educación popular “Operación Saltamontes”, ambas iniciativas ligadas al gobierno de la Unidad Popular. Era fanático del Che Guevara y seguía la corriente revolucionaria del argentino en aquellos años. Fue en esos tiempos cuando trabajó para la agencia clandestina de noticias que se formara tras el convenio con los trabajadores.
Por todas estas labores en pro del izquierdismo como medio de luchar por la igualdad de un pueblo, el mechón eterno y poeta fue considerado peligroso. Tras el golpe, la Dina lo buscó y el 14 de septiembre de 1974 dió con él. Luego de torturarlo, no dejó rastros de sus últimos versos de vida.
En 1975, su nombre aparecería en el listado de las 119 víctimas de montaje de la Operación Colombo. A tres décadas y media, sin embargo, aún no se ha hecho justicia por él, ni tampoco su humanidad tangible ha sido localizada. No así su humanidad del alma, la que no se atenúa ni con la impunidad, y la cual queda plasmada en esta cita de él:
“Sí uno se da cuenta que hay que transformar el mundo, bueno, es pecado no buscar las formas de cumplir esa labor. Uno debe ponerse a tono con las exigencias de nuestra época y ponerse a tono significa desentonar con lo que es aceptado…”
LINKS:
MORIR ES LA NOTICIA – “El sonriente Ilumninado de la calle Los Aromos” por Patricia Bravo
ESCUELA DE PERIODISMO U. DE CHILE – Operación Colombo: El Jaque a la ética periodística.
MEMORIA VIVA – Luis Eduardo Durán Rivas
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