Corría 1987. Mientras Chile sufría los embates del invierno, Canal 13 anunciaba una triste noticia. Quien fuera una de sus figuras periodísticas principales, Hernán Olguín, fallecía víctima de un cáncer. Aquella enfermedad se le escapó de las manos. Era paradójico que un hombre culto en materias científicas y que sobrepasó la barrera de la tecnología, muriese repentinamente. Apenas tenía 37 años, pero era tan brillante que parecía un viejo.
Si le preguntas a tus papás quién fue Hernán Olguín, aquí te podremos dar unas luces. Periodista de la Universidad Católica, fue un excelente alumno, que hizo carrera en Canal 13 durante 15 años. En 1983, crea el programa “Mundo”, en donde los televidentes se encontraron por primera vez con la ciencia. Por supuesto, en una tierra limitada por una cordillera y de raíces campesinas, conocer los adelantos tecnológicos y los descubrimientos en medicina fueron una novedad que atrajo al público chileno.
“Mostrar la realidad tal como la vivimos”. Quizá esta frase de Hernán Olguín fue la consigna de un naciente periodismo científico. No mostraba la carnicería de las cirugías ni el aumento de la depresión, como se suele ver en esta adelantada época en horario prime. Pero sí la NASA, aviones, el rayo láser, el primer computador personal, los robots, imágenes del planeta Tierra, los primeros colores en televisión, los quirófanos, las enfermedades comunes…
Y su cáncer gástrico.
Porque durante un examen de rutina para el programa, fue detectado aquel cáncer que se lo llevó. Pero su enseñanza no se detuvo. A pesar de su muerte, los chilenos tuvieron conciencia de lo que ocurría fuera de sus límites geográficos. Sabían que existían los implantes de corazón, los cometas, los animales en peligro de extinción, la carrera espacial. Fue porque un destacado periodista les abrío la puerta a infinitas posibilidades. La ciencia y sus artefactos ya no eran bichos raros.
La importancia de “Mundo” radicó en el fin de la fantasía y el glamour. El comienzo de una realidad y la ilimitada creatividad del hombre eran evidentes en cada capítulo. Los altos niveles de sintonía lo avalan, además del carisma de Olguín, quien poseía un estilo cercano y ameno.
¿Ven que no es imposible hacer televisión de verdad y con contenido? El secreto no es discutir si la bailarina usará o no colaless para bailar. O cachar quién mató a Elisa. Ser innovadores es la clave para crear televisión entretenida y que nos acerque al mundo en lugar de analizar nuestros ombligos. Si Hernán Olguín viviese, tal vez nos seguiría enseñando un “Mundo” que no terminaremos de conocer.

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