Horas más que conflictivas son las que vive Mañungo Pellegrini en su periplo madridista, esto a pesar de la victoria por 2-0 contra el Getafe en la última fecha de la liga. Negra se le ha puesto al Pele por no conseguir puntitos para las distintas competiciones y más de un merengue lo quiere degollar, pero ¿Será la culpa del chancho?.
Basta recordar cómo han jugado sus equipos y quienes son sus referentes como entrenador para cachar qué onda “El Ingeniero”. No nos veamos la suerte entre gitanos: Arturo Salah y el Zorro Álamos, nunca fueron amigos del Jogo Bonito, es más siempre apostaron a uno feinho pero pragmático y disciplinado: el Pele aprendió de ellos, ergo no le pidamos mucho más.
La situación anterior quedó clarísima en su paso por Villarreal, los jugadores realmente talentosos destacaron sólo con intermitencia (léase Fernández, Nihat, Rossi etc), mientras que los más rústicos como Senna y John Dahl Tomasson se afianzaron en la escuadra. El fútbol del Submarino Amarillo, no tenía mayor condimento que la más dura de las ciencias: cuidar el arco y esperar que una individualidad nos regale el partido. Santi Cazorla fue fundamental.
Pero el Jogo Feinho tiene una gran falencia, cuando pierdes se te viene el mundo encima y cuando ganas alguna crítica igual te cae. En el Villa esto no importó los primeros años, pero en el Real Madrid las derrotas se pagan con sangre. Pellegrini sigue con la misma propuesta futbolística y tiene jugadores idóneos : Kaká y Xabi Alonso los disciplinados (entre otros), Ronaldo la individualidad y a eso súmele un buen portero. Sin embargo el contexto es más peliagudo por la gran presión que hay sobre el equipo.
No se trata de decir que Pellegrini y los jugadores no se la pueden, si no que en los equipos grandes se necesitan proyectos a largo plazo con engañitos de calidad en la inmediatez, buen ejemplo es el Barcelona de Guardiola, que partió con pocas pero importantes victorias y después fue tricampeón de Europa.
No obstante, los directivos del Real Madrid contrataron a un Pellegrini que tiene puntos altos como su caballerosidad, su disciplina y la voz de mando, pero que peca al preocuparse sólo de la mecanización de la plantilla sin encantar a los hinchas. Para la mentada mecanización se necesita de mucho tiempo -”El proceso” diría Salah-, mientras tanto… en el Real Madrid no hay espacio para los “mientras tanto”.
