Me causa una gracia extrema todo esto de la política universitaria. Es tan típico de estas fechas. Cómo si a alguien de verdad le importara lo que está pasando en el Instituto. Cómo si pudieran hacer algo por cambiarlo. Cómo si por fin alguien trajera nuevas ideas. Nuevas propuestas.
Está claro que ver en colores es una de las desventajas de ser un perro. Pero no necesito de eso para ver lo que se está entretejiendo en el campus. Yo lo veo todo.
Y al final entre pasillo y pasillo lo único decente que he escuchado es la propuesta de la Lista H. O sea, es perfectamente lógico que los Ornitorrincos Albinos puedan expresarse. Que tengan un espacio en la sociedad. Qué pasa por la mente de estos jovencitos ahora. Los animales al poder. Esa es la verdadera revolución.
Pueden llenarse la boca. La última semana los he visto más de una vez paseándose, de aquí para allá, llenos de scotch.
¿Y de los Ornitorrincos, quién se acuerda? ¿No saben acaso, los muy ignorantes, que los Ornitorrincos tienen un sistema auditivo sumamente sensible a todo ruido que tenga más de 15 volteos de energía? ¿No se han enterado, los comunicadorcitos de quinta avenida, que la fecha de vencimiento de un Ornitorrinco caduca exactamente en el momento en que un volteo de 15 decibeles de energía les llega por ultrasonido? ¿Entonces para qué siguen y siguen con la cuestión?
El scotch ha matado a demasiados ya. Es hora de reivindicar una lucha que jamás haya sido escuchada en esta universidad. Vamos por una consigna real, muchachos. Vamos por una vida más llena de ornitorrincos. Albinos, por supuesto. La blancura es pureza. Es limpieza. Es superioridad.
Ahora… Yo no estoy muy de acuerdo con eso. De hecho, en mi vida nunca he visto un solo ornitorrinco. ¿Qué son? ¿Se comen?
¡Oh! Me encantaría poder comer un ornitorrinco. Uno redondo, jugoso, lleno de tripas. Me encantan las tripas. Sobre todo las que sobran del almuerzo. El otro día me dijeron que un ornitorrinco tiene más calorías que el mejor de los pelets. Incluso de esos que tienen la cobertura de un sabor y el fondo de otro.
Pero fuera de eso, el scotch no debería existir. Es un monstruo. A propósito de luchas, una buena podría ser en contra del scotch. Pero también en contra de los ornitorrincos.
Los ornitorrincos son lo peor del mundo. No deberían existir. Lista H. Quién fue el inteligente que se le ocurrió una idea así. Imbécil es.
De todas formas me causa gracia eso de la política universitaria. Es súper típico de estas fechas. Sobre todo cuando es temporada de ornitorrincos. Y de contar cuentos. Y de scotch. Cómo si por fin alguien trajera nuevas ideas. Nuevas propuestas. Cómo si pudieran hacer algo por cambiarlo.
