POMPEYA SOBRE LA LAVA

POMPEYA SOBRE LA LAVA

Pompeya fue una ciudad romana de la provincia de Campania, cerca de Nápoles. Podríamos dar una enorme publicidad turistica acerca de cuántos pintorescos lugares transformados en ruina se ubican en esta pequeña región.  En todo caso dicen que toda Italia es patrimonio de la humanidad, que los paraderos de micro son asientos corintios, que según el inigualable Berlusconi, la mitad de la población de Italia debería ser policía porque es la única solución para evitar las violaciones a las atractivísimas muchachas italianas.

Italia es un pais cuya belleza llevaría al escritor francés Stendhal a inventar el “Síndrome de Stendhal” que consiste en el malestar físico a causa de una contemplación  artística demasiado sublime. ¿Entonces cuál es la gracia de Pompeya dentro de esta bota mas realista-mágica que Macondo?, ¿Hay una carrera por el queso lanzado desde una colina como en Inglaterra?, ¿Se prohibe que las mujeres feas entren a una playa nudista?, ¿Sale en alguna fastuosa opera?

¡No!, Pompeya tiene una fama por dos hechos importantes: En el siglo I fue víctima de una enorme erupción volcánica que causaría una gran destrucción en esta ostentosa ciudad. En el siglo XX, Pink Floyd daría un concierto en su antiguo anfiteatro con un trabajo cinematográfico que puede que nos deje con síndrome de Stendhal.

Pareciera que los frescos en las paredes de pompeya vuelven a sentir el terror que muestran esos rostros romanos. Las piedras con esos rostros se sienten producidas para una música interpretada 20 siglos después. El travelling circular, el contraluz en Set The Controls For The Heart Off The Sun con las pinturas cambiando y Roger Waters en los sintetizadores.

Pink Floyd fue una de esas bandas que tuvo grandes trabajos audiovisuales. The Wall, Dark Side Of The Moon donde el mundo de la actualidad contemporánea baila reposa entorno al eclipse de Brain Damage, y Pompeya fue la consolidación de una banda que podríamos considerar como el Bach postmoderno. Con un poco agraciado y megalómano tipo wagneriano como Roger Waters, un Syd Barrett que desvaneció a causa de su locura, un Richard Wright que ya pasó a mejor vida, y que debe estar en los anfiteatros de los dioses romanos ejecutando The Great Gig In The Sky.

Ahora deje de leer, y deténgase los próximos 10 minutos de su vida para ver la nueva vida de una ciudad romana, una vida entregada por Pink Floyd y por el director de Pompeya. Adrian Maben

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1/5 de cineasta, lector a medias y pensador de micros.