Podrían exterminar a todos los feos del mundo, por ir en contra de los cánones de belleza. Pero nadie se olvida de Beatriz Pinzón Solano, aquella economista que tenía el currículum más potente que se desearía un Andrés Velasco.
Lo único malo –y no tan malo– es que es fea. Por supuesto, su papá la creía una belleza que debía cuidar y alejar de las malas juntas porque “el diablo es puerco”. Su mamá, mientras tanto, intentaba ganar su confianza. Betty luchaba por conseguir trabajo como ejecutiva, pero la foto del currículum la delataba. Hasta que decidió buscar puesto como secretaria.
Ecomoda era una próspera empresa de alta costura. Su líder, Roberto Mendoza, dejaba su puesto para partir a Londres con su mujer Margarita. Su hijo Armando ocuparía la presidencia y detrás, Marcela Valencia, su futura esposa.
Sin embargo, la llegada de Betty a Ecomoda cambió el rumbo de la empresa. No sólo manejaba con maestría los números y balances negativos, sino que desbancó a una rubia con dos neuronas al 50 por ciento. Patricia Fernández postulaba como secretaria-Matahari de Armando, pero sus seis semestres en la San Marino no le bastaron para conseguir el cargo de asistente de presidencia.
¡Cómo olvidar al Cuartel de las Feas! Aquel grupo de amigas que siempre apoyaba a Betty. Que le consiguieron traje y maquillaje para un cóctel de negocios. Que la acompañaron en su dolor, aunque un poco tarde, cuando Armando rompió el corazón de nuestra querida fea…
Hay que destacar absolutamente a uno de los personajes más queridos y cómicos de la teleserie: Hugo Lombardi. El que encarnaba el papel de diseñador top. Quien pedía a cada rato su valeriana para aliviar los malos ratos que pasaba con Armando. Aquellos lentes go-go y aquel paso amanerado que causaba tanta risa como admiración.
Tiene un papel más reducido, pero no menos importante. Porque fue quien cambió definitivamente el look de Betty. Catalina Ángel, aquel ángel que la salvó del sufrimiento del amor perdido. Quien le enseñó a perdonar, pero no olvidar. Aquella que le ofreció trabajo en el momento más oportuno, cuando creyó que su vida se caería a pedazos.
Momentos freaks no faltaron. Por ejemplo, cuando Patricia y Mario llegan a la empresa con el pelo mojado. O cuando Betty se hizo un tocado “especial” para ir a una comida junto a Armando. Claro, y las veces en que los protagonistas hicieron el amor. Después, nuestra Betty sufriría con el calvario de saber el juego que había detrás de esas citas furtivas.
Existen versiones alternativas basadas en la obra de Fernando Gaitán, como “Ugly Betty” o la no muy bien ponderada “La Fea Más Bella”. Pero ninguna podrá superar la genialidad del guión colombiano, el suspenso de todos los capítulos y el llanto provocado por tanto sufrimiento. Menos mal que tiene un final feliz.
Hay una segunda temporada conocida como “Ecomoda”, pero los espectadores quedaron conformes con el final de la primera parte. Así que daba lo mismo lo que venía después. Ojalá nunca se muera esta fea, aunque sus admiradores ya han perpetuado su figura en YouTube…
