EL AGUJA, edición Nº 5
23 de Marzo de 2009
Hoy, las penas de los irremediables perdedores no han logrado calentarme la cabeza (que, por cierto, es lo único que saben calentar estos niños que me escriben). Ni las disfunciones sexuales generadas por el copete que los ebrios pensaron les daría perso para ganar en Cartagena, ni los mil y un intentos fallidos de un tal Araneda por engatusar a la mechona sensación, ni la inclasificable experiencia del pobre estúpido que invitó a Cartagua al amigo que se comería luego a la jovencita que le gustaba frente a sus ojos, han logrado despertar mis deseos de escribir…No, nada de esta perdedora semana me llama a dirigirme a ustedes, que leen estas heás en vez de estudiar para sus inútiles pruebas de actualidad.
Esto, porque definitivamente todo lo anterior es opacado por la tierna, esperanzadora y hollywoodense historia del joven que era un perdedor en el colegio y que ahora descubrió –cual aleccionado por un mal refrán de una pésima película- que el cambio estaba en él, para tener un “nuevo comienzo”.
Amigo Manfred Schwager: ¿Está usted en contra de mi respuesta?, ¿Cree usted en un nuevo comienzo, en la reencarnación del perdedor bueno para la manfinfla, en la transformación insolente al destino del eterno mentecato? Y es que mire, amigo mío, que a usted no lo trataré mal, porque yo sí lo conozco. Y déjeme decirle que está absoluta e irrenunciablemente equivocado, aunque los nunca astutos directores de este panfletito online me rogaron que no le respondiera su tierna cartita.
Lo que pasa con personas como usted, amigo mío, no es un cambio. Lo que cambia es su entorno; es allí, en el nuevo ecosistema, donde uno cree con ferviente positivismo que la realidad no se reforma y que es usted quién “ha mejorado”. Déjeme preguntarle: ¿El maniático es maniático fuera y dentro del manicomio? Para los que estamos afuera, por supuesto que sí. Para los de adentro, pues no. Es uno más de ellos. Y allí donde los cagados huelen lavanda, los ganadores olemos caca.
¿Y qué chucha significa esto?, preguntará usted en su muy extenso tiempo libre, producto de estudiar carreras hueonas. Pues que ahora se rodea de perdedores como usted. ¿Alguno de ellos –cuál más patético que el otro- le hará sentirse a usted como un menguado perdedor? En lo absoluto.
Ser un ganador en tierra de perdedores, de todas formas, es algo que le he recomendado a todos mis lamentablemente fieles lectores. Usted nació, creció, se desarrolló, se matriculó, estudio y se titulará, trabajará, jubilará y morirá como perdedor.
Por eso, mi recomendación es que siempre se reúna con los que pierden; “ese es su norte”. Y, por supuesto, créase el cuento. Pero nunca más –jamás- me venda el cuento a mí, que no estoy ni en el manicomio, ni estoy loco, ni huelo margaritas donde está pasado a mierda.
Y ojo: SÓLO POR ESTA VEZ, el Putazo no lo fue tanto. Para la otra que reciba cartas hueonas y que los perdedores directores de este perdedor boletín amateur la publiquen, no tendré compasión alguna en dejarlos estériles a chuchadas y depresivos hasta el suicidio. Siga siendo un looser con buena suerte y siempre mejor persona, que gracias a eso tengo la hermosa oportunidad de perder mi tiempo en responder hueás para una revista penca que no me paga ni el wi-fi.
Eso, amigo mío. Un apretón de manos (Nada de abrazos porque podría contagiarme)
Lo más cariñosamente que puede, se despide atentamente
El (hoy no tan) Putazo.
P.D: Si esto te pone iracundo hasta las ganas de pegarme, mi nombre real es Javier Chamorro o Claudio Garrido. Ud. elija como me llamo
