Tres de nuestros reporteros agujones quedaron extasiados con las presentaciones de bandas pulentas que pisaron suelo chileno.
EL AGUJA, edición Nº 6
30 de Marzo de 2009
En la tele de Coco
Maidenizado
El día 22 era el elegido. Después que la Ró me bendijera con una entrada para Iron Maiden, me dispuse a ver como llegaría al club hípico. Raúl, uno de mis colegas, me prestó ropa para llevarme, ya que él tiene un auto para movilizarnos. Así, zarpé con él, junto con otros colegas, alrededor de las 2 de la tarde.
Durante el trayecto, conversamos algunas cosillas y de pasada, miraba el flujo de metaleros que iban camino al concierto, el cual aumentaba mientras nos acercábamos a nuestro destino. Como llegamos temprano y teníamos que esperar a otros colegas, nos compramos unas cervecitas para pasar el rato.
Mientras bajábamos nuestras chelas, escuchando Iron Maiden, el lugar en donde nos encontrábamos estacionados comenzaba a llenarse de grupos de metaleros, uniformados con poleras negras. Es ahí cuando uno de los metaleros nos dice: “Súbanle el volumen a la música”.
Entonces, uno de mis colegas le chantó el volumen al máximo y los hijos del metal de los alrededores comenzaron a cabecear. De esa forma estuvimos webiando un buen rato cuando de repente llegaron los pacos a caballo y nos corretearon a lumazo limpio. Lo único bueno de toda esa estampida verde, era que anunciaba la hora, debíamos ir a Maiden.
Entramos al club hípico algo entonados y comenzamos a buscar a unos amigos que estaban dentro. Nunca había entrado al club en mi vida y me emocioné al ver un mar negro de metaleros pelucones esperando el concierto.
Al llegar lo más cerca que pudimos del escenario, nos juntamos a esperar un ratito. En eso, salió el grupo Witchblade a telonear a los británicos. Pese a ser teloneros igual prendieron al público. Después salió la Hija del Bajista Steve Harris, Lauren, a puro dar jugo. Tocó un par de temas y se fue. Lo único que llamó la atención fue que le gritaban “la polera” o “en pelotas”, por que está harto buena.
Tras los teloneros, los de producción pusieron una mezcolanza de temas de rock clásico para rellenar. En eso, ya se hacía sentir el apunamiento de gorilas metaleros, y una nube de vapor de sudor subía del público. Entre tanto, la marea de hijos de Satán me llevaba a lugares insospechados, de hecho, la torre que estaba atrás de donde me encontraba, la veía cada vez más cerca.
Pero ya había llegado la hora. Comenzó sonando el tema “Doctor, doctor” y ya quedaba la tremenda cagada. Luego comenzaron a tocar y el público loco, se manifestaba con puños y patadas (como Satán manda).
Incluso a la mitad del concierto, el vocalista de la banda, Bruce Dickinson, detuvo el show y se dispuso a retar a la gente. Luciendo su clásica chaqueta de mezclilla sin mangas y su gorrito flaite (único metalero con el poder para usar weas así y no verse delincuente), habló con alevosía en su ingles británico que quería despejar la parte de adelante para liberar el área, y si la gente se ponía a pelear, ellos se iban del escenario.
Tras la monserga, el show se puso cada vez más weno. Fuegos artificiales, un par de Eddies, fondos intercambiables y el mismísimo Satán estuvieron presentes en el escenario. También Bruce hizo gala de sus cambios de vestimenta como el clásico uniforme del “the trooper” o su disfraz místico para “the rime of the ancient mariner”.
Tras todo el show, se despidieron y prometieron volver el 2011 a Chile. Así comenzó éxodo de 60 mil weones (al menos eso dijo Bruce en el escenario) para abandonar el club hípico. Por lo mismo, me entretuve buscando a mis colegas que eran mi único pasaje de vuelta.
Pero malas noticias, los pasajeros ahora se habían duplicado y parecíamos auto de payaso (incluso 2 colegas se fueron en el maletero). Y así, el viaje de vuelta no fue muy agradable que digamos. Llegué a la casa hecho un esperpento, con una migraña de mierda, pero a fin de cuentas a Iron Maiden le perdono cualquier weá.
En la tele de Pelao Cádiz
Radiohead y los enfermos
Me hicieron mal de ojo. No existe otra explicación. Nada explica de mejor forma que justo un día antes del concierto que tanto esperas, una amigdalitis purulenta ingrese a tu organismo.
Así fue. Desperté con dolor de garganta y decaimiento. Pensé en quedarme en la casa, o irme más tarde a la U, pero el staff de este medio me estaba esperando para una nueva, y amena reunión de pauta. Así que me duché y partí a tomar la micro.
La reunión terminó y me puse a hacer hora para mi ayudantía de foto. Tomé un libro y me puse a leer. Pasaban las páginas y un malestar comenzaba a apoderarse de mí. Mi cabeza se calentó en la medida que el resto de mi cuerpo se enfriaba, provocándome escalofríos.
Pasó la hora, salí de clases, y luego de una hora a bordo del trans*$%&¨!, llegué a mi casa con un poco más de 38º de temperatura. Comencé a tomar agua, mucho agua, y a presionar una compresa de agua fría sobre mi frente, mientras con la otra mano me tiraba aire con una revista. Además me puse Mentolathum en los pies, y de repente me tomaba una limonada y una que otra pastilla.
Al día siguiente, la fiebre continuaba. La ciencia ya había hecho todo lo que podía por mi salud, pero nones. Hasta ese minuto, me quedaba fuera del concierto. Pensé en que si esto era mal de ojo –no podía ser otra cosa- sólo una persona podía salvarme: San Expedito.
Luego de unas tres mil oraciones, la fiebre bajó, permitiéndome volver a hacer mi vida normal. Arreglé mis cosas y partí a la U para ver un doctor en el SEMDA.
El Médico me revisó. Me dijo que tenía una amigdalitis purulenta y que debía irme a mi casa (en Rengo), y visitar un policlínico para que me inyectaran Penicilina con benzatina. Luego debía guardar reposo, sin nada de frío y mucho menos carrete. Yo, obviamente, le desobedecí, y me puse a llamar a quienes me acompañarían a ver Radiohead, Álvaro “Nórdico” Valenzuela y Rafa, alias “Garrafa”.
Para mi sorpresa, yo no era el único afectado por esta maldición: Nórdico estaba en cama, hecho mier…Rafa venía en camino junto a unos amigos, uno de ellos tan enfermo como yo.
Nos juntamos en Grecia Con Macul y nos fuimos caminando al Nacional. Cuando llegamos nos encontramos con una fila grosera, así que fuimos a ver si podíamos colarnos en otra parte. Al ver frustrado nuestro objetivo nos ubicamos cerquita de la esquina de Pedro de Valdivia a esperar que las puertas se abrieran.
Llegaron las cinco de la tarde y la gente empezó a entrar. Nosotros, a la distancia, veíamos como algunos afortunados acortaban distancia con la banda de clásicos como Karma Police o High & Dry. De repente, llegó un paco y nos dijo que por la otra entrada había menos gente, así que nos pusimos a correr. Justo llegó Nórdico y se unió a nuestra carrera.
Quedamos súper bien ubicados. Ahora sólo era cosa de esperar. Llegaron las seis de la tarde y comenzó a tocar Casino, una banda chilena. Luego de un par de canciones que en mi perra vida había oído, empezaron los teloneros de verdad: Krafwerk, un clásico de la música electrónica que conquistó al público con su gran sonido y sus apuestas visuales shúper, shúper locas. Bacilable, pero freak. Eso sí, quiero denunciar públicamente que no tocaron Popcorn, su tema más recordado. Para los que no lo cachan, es el de la cortina del programa “Tv o no Tv”.
Luego de tanta espera, me dieron ganas de ir al baño. La fila era enorme y estaba llena de minas que, como tales, se demoraban como tres horas en hacer su gracia. Las luces se encendieron y comenzó el concierto. “15 steps” fue el tema elegido para abrir la primera noche de la banda en nuestro país. Luego vino “Airbag” y yo seguía en la fila.
Estaban tocando “In my mind” cuando pude integrarme al concierto que tanto me había costado llegar. El ambiente estaba increíble, lleno de gente que alucinaba en medio de tanta calidad musical.
Sin duda lo mejor del concierto fue “Karma police”, que todo el mundo coreó hasta rabiar; “Idioteque”, donde la mezcla entre la iluminación y la música estuvo fenomenal; y “Paranoia Android” y “2+2=5” donde rockeamos y saltamos hasta sudar.
La sorpresa de la noche fue “Creep”, el Hit de los 90’ que la banda no tocaba desde hace ya varios años. Con este tema se cerró el primer concierto, que a muchos dejó con gusto a poco, a pesar de sus más de dos horas de duración.
Se pagaron las luces, empezó la música envasada y no nos quedó otra más que resignarnos a no escuchar éxitos como “Fake plastic trees”, “Street spirit” y tantos otros que se quedaron fuera. Inmediatamente, los achaques volvieron a nuestros organismos. Sí, seguíamos resfriados, pero eso no importaba: ya habíamos visto a Radiohead en vivo. Podíamos morir en paz.
En la tele de Ró
Chris Cornell / Mike Patton: Nostalgia freakeada
El Pepsi Fest es la mejor/pero cosa que nos podría haber pasado. Es una patada en las bolas a nuestro presupuesto, una falta de respeto a nuestra condición de estudiantes pobres como ratas… fuera de ser una oportunidad única de toparse con varios baluartes generacionales a la hora de escuchar y sentir la música en estos últimos años.
Y paso que me tocó estar uno de los shows del Pepsi que hizo desbordar el ex Arena Santiago: El de Chris Cornell con Mike Patton.
Yo sabia que la cosa no era tan básicamente espectacular como parecía. Ni Patton ni Cornell apelarían a la nostalgia que convocaba a casi todos los sub 30 que no paraban de circular por ese pasillo oscurísimo que conecta el metro con la explanada del parque y la cúpula.
Daba lata tanta polera de Faith No More y tanto motivo grunge en la actitud. Mientras uno graba discos con Timbaland (productor fan de las maquinitas, los hits de pista de baile y la cosa media gangsteril), el otro se gana la vida con gritos guturales junto a italianos secos y shuper loggos.
No había por donde, pero igual se pasó bien. Patton con su griterío impresiono, capturó atenciones y produjo sensaciones desenfrenadas en algunos, y constantes trances reflexivos en otros. Como a mi.
No era fácil ni digerible ver a un hueón gritando como loco y que buena parte de la audiencia se volviera loca. Con mascara de luchador y con la misma simpatía exquizo de viña 91. Mike Patton es un ídolo, un grande, un showman haga lo que haga. Grite tanto como los histéricos de la reja que lo ven como un dios, o se mande una performance a lo cantante italiano de los 50 que mande al baño llorando a muchas minas-ya-no-tan-minas que dejaron de coquetearle a los tipos para empezar a coquetearle a los treinta.
Después de tanta experimentación under, venia la cara maistream del asunto. Un tipo que esta como el vino, que tiene mas actitud que nunca y que se embala como pocos. Chris Cornell es de los hueones que de verdad esta interesado por la gente que lo fue a ver. Mide emocionalmente la cantidad de kilómetros que lo separan de su casa y todo eso lo vuelca en entrega en este país tan lejano y tan amoroso.
Mas de dos horas dándole duro a todas sus etapas como músico aburrieron a unos, encantaron a otros y a mi me dejo sin ver todo completo. De hecho, me cuentan que termino pasado la 1.30 con set acústico y toda la hueá. Cáchense.
Ese es un loco que vale las monedas. No te deja con gusto a poco, te pasea por la nostalgia, la modernidad y toda esa tracalá de hueás que agrupa la nostalgia.
Cornell es un bacán. Lo único que no hay que hacer es invitarlo a carretear… cómo se acabronaría la guitarra ese tipo!
En fin, una noche redonda, aunque me la haya truncado mi vieja llegando tempranito a por mi. Filo, en todo caso quienes más disfrutaron se fueron solitos, en sus autos, con sus amigos. Ya no arrastran la bolsa del pan como lo hacían en esos tiempos. La nostalgia tenía que acabar ya que mañana debían ir tempranito a trabajar.
