TAN DIECIOCHERO COMO RADETZKY

TAN DIECIOCHERO COMO RADETZKY

¿Alguien ha terminado de ver la parada militar por la tele alguna vez?, Ese espectáculo donde por dos horas vemos caminar a nuestras pintorescas fuerzas armadas y a su aparataje militar por el Parque O’higgins. Es recurrente que los menos revolucionarios  se echen a la cama a bajar la empanada, la chicha, el asado, o incluso a echarse de vuelta del carrete del 18 y prender la tele para presenciar este hecho.

Podemos quedarnos dormidos, podemos mirar indiferentemente sabiendo que siempre vemos lo mismo. Algunos pueden recordar su horroroso desfile cuando integraba las filas de la armada o el ejército, mirando de reojo a las escuelas rivales, que harán lo mismo con la otra, cosas de la vida militar. Otros en tanto, mas apegados a la tradición de una familia castrense, mirarán con orgullo reunidos, dejando el tecito después del almuerzo, o detendrán por un momento una ingesta de alcohol para presenciar al ejército de Chile, un honor que nosotros, civiles universitarios, hijos en tiempos de democracia, nos resulta curioso.

Otros no la verán. No prenderán la tele y seguirán bebiendo, porque consideran horroroso ver como esos orangutanes militares se pasean con sus armas como base de una nación que no  existe. Esos, orangutanes que reventaron el país por 17 años, con esos uniformes que han usado los traidores de la patria que vendieron este país a los neoliberalistas, dirán.

Los que tenemos amigos que desfilan, hemos escuchado que es un cacho estar de pié durante horas y horas, pisar la caca de los caballos y sostener el rifle después de una marcha que no termina en el Parque O’higgins. Sabemos cual es la diferencia entre nuestra vida civil y la vida militar. Sabemos que no tenemos idea lo que es el frío, el hambre, el miedo, el dolor o la más limítrofe supervivencia. Con suerte, sabemos un poco lo que son las lacrimógenas. Pero no tanto como ellos.

Pero aunque sea difícil desfilar, nos haría orgullosos también a nosotros comunicadores, que nos presentemos frente a las autoridades mostrando que también tenemos un compromiso con nuestro país. No tenemos porqué estar de acuerdo con el gobierno ni estar supeditados a la jerarquía militar, pero alguna muestra de orgullo nacional en torno a nuestra labor, sería un buen gesto.

Les dejo el final de la parada militar del 97. No creo que sea muy distinta a la del sábado. Pero verán como termina, y como los caballos se pusieron chucaros con Frei.

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1/5 de cineasta, lector a medias y pensador de micros.