TRES VECES CARTAGUA

TRES VECES CARTAGUA

Tres niveles… un novato, un ombliguero y un resto a egresar. Sentimientos encontrados con la arena de la mítica playa que recibe las glorias universitarias cada marzo.

EL AGUJA, edición Nº 5
23 de Marzo de 2009

En la tele del Rey Lizama

Road trippin to Cartagua

It’s Cartagua time. El momento había llegado. Todos esos relatos bestiales por parte de los que habían asistido alguna vez se harían realidad. Tanto era el entusiasmo que el mítico paseo era comparado con Woodstock, y la verdad solo me faltó ver a Hendrix tocando el poderoso riff de Voodoo Child para sentirme en aquel festival.

Iba rumbo a la Universidad, cuando me encontré con el Señor Caneo que me confesó que iría a cargo de los mechones de Periodismo. Lo primero que pensé fue: ¡DISTORCIÓN TOTAL! Llegue al punto de partida a encontrarme con mis compañeros y empezaron las interrogantes… ¿Qué chucha íbamos a tomar? Así partimos al Jumbo más cercano y nos dividimos en grupitos pa’ comprar el elixir de la vida. Chimbombos, chelas, ron, vodka, coolers y hasta melones adornaban nuestro carrito. Estábamos listos para zarpar.

La ida en el bus fue la cagá. Todos cantando canciones: clásicos de la música, cánticos de fútbol, axé, gritos que delataban ciertos amoríos (algunos bastante falsos), incluso nacieron exitosos Hits que en algún futuro próximo podrían ser grabados por sus creadores, me refiero al exitoso “Dodds Dodds Dodds para Dodds”, un hit que ya quisieran danzar los de White Sensation. También sonaban las primeras chelas y se comenzaban a ver los efectos del alcohol en algunos ilustres personajes que por su seguridad no serán mencionados.

Al bajarnos del bus me impacté al ver a algunos tambaleándose ya que venían chambreados, pero me impacté mas al ver tanto weonaje junto. Si mi matemática periodística (bastante mala por cierto) no me falla calculé unas 15 mil almas deseosas de alcoholizarse. De ahí partimos a ubicarnos en la playa grande de Cartagua, abriéndonos paso entre la gente, hasta que por fin nos asentamos en un lugar propicio para beber y echar la talla. Destapa el chimbombo, abre el melón, sírvete un vodka con juguito, tómate al seco la chela, fueron algunas de las acciones q se realizaron al instante. Pasó una hora más o menos y se empezaron a notar las caras de borrachos, los diálogos sin sentido y weás típicas de la ebriedad. Hasta gente gozando en el mar se podía ver, algunos con cosas de valor en los bolsillos como celulares, otros entraban con su copete, se les caía al océano y puteaban desaforadamente, siendo que los culpables eran ellos mismos.

Fue transcurriendo el día y se veía gente derribada en la arena, otros estaban dale que suena y los con mas aguante seguían empinando el codo como si nada. Como olvidar los inodoros del lugar: un par de basureros detrás de un restaurant que expelían un olor de mil putas, pero bueno había que botar el alcohol procesado en algún lado.

Después de una ardua jornada de vacilón llegó la hora de devolverse a Santiago. Lo que nadie imaginó fue que sería tan difícil encontrar el bus. Había cientos de buses por todos lados, pero ninguno con la patente NB 45 17… bueno si estaba pero estaba al final de todos los buses. Y así nos regresábamos a Santiago con litros de alcohol en nuestra sangre. Algunos optaron por dormir en el viaje y otros pensaron que la mejor opción era seguir con el carrete arriba del bus.

Sin duda Cartagua es una experiencia que DEBES vivir año a año. Por nada del mundo te lo pierdas, porque si lo haces quedarás colgado con cada talla nueva que pase allí. Un consejo: si alguna vez sales rey y hay actividades de la FECH en Cartagua no las pesques, son una verdadera mierda. Se despide un mechón que sobrevivió al alcohol.

Saludos Súbditos.

En la tele del Pelao Cádiz

Sobrio. Cien por ciento sobrio.

Es imposible no asociar Cartagua con copete en cantidades monumentales, gente muerta en la arena y parejas dando vueltas en la arena. Música, guardias, gente recolectando latas, gente vendiendo latas, y uno que otro sujeto sobrio hablando de corrido. Este año, me tocó ser parte de esa pequeña – y a veces perdedora – franja de estudiantes.

La razón, muy simple: iba a cargo de un bus y del destino de 45 personas dispuestas a tomar hasta el dedo chico. Pero igual no era pa’ tanto. Podía tomarme sus vituperios pocos, pero con moderación. El asunto era no mostrar la hilacha y asumir en caso que algo malo ocurriera.

Así que decidimos comprar algo, una cosa poca pa’ capear el calor de la playa que inspiró el video clip “Mujeres y Cerveza” del grupo Alegría (Es una joya, tienen que puro verlo en Youtube). Pero un pequeño problema nos impidió concretar la idea: las entradas se agotaron y habían como 30 estudiantes abajo. Había que hacer algo.

Inmediatamente nos pusimos a telefonear, a llamar a amigos y a cuanto sujeto pudiera tener relación con el gremio microbusero. Cuando ya estábamos a punto de resignarnos, un señor de camisa roja abierta luciendo el pelo en pecho, collar de oro y cigarro derby en mano, se acercó a nosotros a ofrecernos sus servicios. Me entregó su tarjeta- un calendario para ser más exacto- con su teléfono, y al reverso la imagen de una chica digna de “La Bomba Aguja”, una sección que en algún momento existió en este farandulero medio.

No había donde perderse. El precio era bueno, así que aceptamos. Y bueno, como no nos daba muy buena espina, uno de nosotros tuvo que sacrificar su tiempo y hacerle marca personal al señor con pinta de lobbista de café con piernas. Ese fui yo.

Impedido de ir al Jumbo, Puerto Cristo, o por último El tiempo en la botella, me subí al bus sin ni un centímetro cúbico de copete. Fueron dos horas de sed, a ratos capeada gentileza de mis compañeros.

Cuando llegamos a la playa, más de la mitad de la gente ya estaba ebria. Nos pusimos a observar, pelar y reír hasta que la sed no pudo más. Fuimos a la boti a comprar una cosa poca, un pack de chelas.

Las horas pasaron y la gente ya se estaba bañando en la playa en la que otros orinaban, muchos bailaban y uno que otro le aplicaba al popular ponceo. Yo en tanto seguía sobrio, tan absurdamente sobrio. Me fui a dar una vuelta para ver si me encontraba con mis compañeros de curso.

En el camino, me topé con amigos de Trabajos Voluntarios. Ahí pasamos largo rato recordando anécdotas, poniéndonos al día y compartiendo nuestra condición, pues casi todos íbamos a cargo de buses y estábamos en condiciones de superar cualquier acohotest, o como quiera que se escriba.

Llegaron las seis y media de la tarde, y nos empezaron a echar de la playa. Y ahí empezó la pega pajera: mover a la gente hacia los buses, que estaban infinitamente lejos.

Luego de convencer a un mechón de que no podía quedarse en la playa, caminar horas y horas en búsqueda del bus, ubicar a la gente, separar a dos archirivales deportivos que casi se agarran a combos y de reír del morbo por las parejas que en Cartagua se formaron (arde Staff agujón), llegamos a nuestro querido y adiado Santiago. Obviamente, unos más sobrios que otros.

En la tele de Gabo

Con nostalgia y fe

Sí. Fui uno de los pocos representantes de 5to en Cartagena. Por supuesto, extrañé al grandísimo Rafa bailando “a lo gitano”, al loco Juanes cantando todos y cada uno de los hits de los 90` y a las siempre recatadas muchachas bebiendo –con esfuerzo- una cerveza en lata caliente.

Pero también disfruté viendo la jovialidad de las nuevas generaciones; ahora ellos cantan canciones de Camila y de Daddy Yankee, se bajan del bus a las 1 de la tarde más ebrios de lo que estarían cualquier sábado en la noche y se instalan en la playa a disfrutar de su siempre televisada juventud.

La verdad, es que antes de comprar el pasaje, pensé: ¿Acaso estoy muy viejo para seguir disfrutando de Cartagua all day long?, ¿o es que subiéndome a ese bus con 4 compañeros más, me demuestro que tengo para rato? Bastó llegar a la repleta Playa Grande para darme cuenta de que todos merecemos ser parte de la Institución que significa Cartagua. Y como yo no me he perdido ninguno, este, mi último año, no podía ser la excepción.

Allí está la Chile representada, los jotes más ávidos y los más perdedores, los que pelean con los salvavidas porque quieren bañarse en la playa, los que pelea con los salvavidas porque quieren mearse en la playa…y hasta Jesús, que le bolsea copete a toda la Chile, en vez de repetir el milagrito con el mar “cartaginense”.

Allí, te puedes perder de tu grupo de amigos, pero encontrarás a otras personas que después de 2 vasos serán tus nuevos mejores amigos. Allí, la moral del estudiante sube a niveles insólitos, y todos se creen capaces de conquistar a la mina más rica de la playa. Es en Cartagena donde todos explicitan sin vergüenza todo lo que son, donde los damnificados etílicos se tiran sin ninguna vergüenza a dormir en la playa, sin que nadie los perturbe y donde hasta los que no toman se sienten borrachos de jovialidad.

Por eso, aunque es verdad que ya no iba con el mismo entusiasmo con el que me armé hace 5 años atrás, sí sentí más afecto y más respeto por lo que muchos consideran el día más glorioso del año universitario, que muy probablemente haya sido el último para mi. O quizás no…por supuesto, eso sólo lo sabe nuestro amigo Jesús.

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Desde el ICEI para toda la Chile, siempre metidos en todas.