UN PONCEO OLÍMPICO CON EL PADRE PUC

UN PONCEO OLÍMPICO CON EL PADRE PUC

La micro me llevó esta vez a la ciudad paradisíaca que se pica a high todo el rato e ideal para cosas peloláis, como que la Cato, por ejemplo, se sintiera como local en estas XII Olimpiadas Nacionales de Periodismo. Viña del Mar nos alojó, en el certamen que tuvo como sede la Cato de Valparaíso. Chorrillanas, un torrente de chela/ron/pisco (elija usted) y discos plagadas de rubias nos esperaban.

Se suponía que había que sacar el primer lugar para redimirnos por el año pasado. Viajamos de día, incluso, para evitar borracheras previas a los primeros pleitos. Las delegadas de la PUCV nos regalonearon encontrándonos una residencial de calidad (sí, seré  pelador con la U. de Conce, donde dormimos en catres de milicos en un regimiento) con camitas (la mía de 3/4 de plaza), refrigerador y baños decentes. Y el detalle más delicado: a dos cuadras del terminal de Viña, y al lado de una botillería. ¡Qué mejor!.

Pero toda la alegría del principio comenzaba a verse amenazada con los primeros resultados. En voleibol, la U de La Serena (Sí, La Serena tiene universidad ♪) dio el primer golpe bajo antes de irnos del almuerzo. Y como siempre, luego las nenas de la Chile nos enseñaban que los partidos hay que ganarlos, mediante el básquetbol. Los muchachos volverían a perder, esta vez en el deporte de la canasta.

Los números  no eran amigables, el chuncho comenzaba a verse empelotado. Pero era hora de sacarse de encima el mal rato y sudar las primeras chelas ingeridas, no precisamente mojando la camiseta. Cantando junto al místico Richard Sandoval en la micro, nos dirigimos a Latorre, donde los primeros ataques tuvieron lugar. Importante y bonito: Minas osadas bailando en el caño. Mojadas, excitadas, calientes. Se subió (me cuentan que lo subieron) Caneo y cagó todo. Hasta ahí, la calentura. El resto era por nuestra cuenta.

De vuelta en la residencial, mientras algunos inocentes creían que se podían dormir, pudieron ver un espectáculo de realismo mágico, hasta quizás onírico. Individuos que mis nebulosas retinas no pudieron determinar, irrumpieron en las distintas piezas en boxer a cantar: “Hasta que te conocí, vi la vida con dolor, no te miento fui feliz, aunque con muy poco amor…..tararararararará tararará”. Desde aquel instante, cuando pensé en dormir de nuevo y sentía los saltos en las otras habitaciones, supe que había quedado de manifiesto que una canción de Juan Gabriel nuevamente se convertiría en el himno de las olimpiadas.

Un sujeto de la delegación nunca arribó a la residencial. Cuando regresó, estaba apaleado moralmente.

Jornada Dos: Pico en el ojo

Compartíamos el piso de la residencial con la PUC, lo que hacía que esa rivalidad que nos marcara el año pasado, prácticamente desapareciera. Una inusual unión de las principales úes del país en el carrete, el copete y el hueveo, no decían nada relación con lo que vendría esa noche.

El día, sin embargo, comenzaba a pasar la cuenta. Visitas ilustres, como Pé y Mario Arredondo, apañaron animando a la delegación. Nuevamente éramos el lote más numeroso, aunque no más ruidosos que los hooligans de la ULS. Con ese ánimo, las chicas comenzaban a marcar la pauta y fue la emergencia de la nueva goleadora: Loreto Contreras. Comentarios pastabaseros aprobaron a la mechona como  la pichichi del team de la Chile, siempre con el alero de la gran Vivigol que puso todo lo que los varones no tenemos para seguir dirigiendo al equipo con calidad. Las nenas goleaban lindo.

En el estadio español, los muchachotes conseguían triunfar en el basket, y el volley también lograba la victoria. Caneo comenzaba a perder la voz y la barra  comenzaba a fabricar gritos de guerra para enfrentar el próximo partido. El más importante, el que definía todo.

Micro especial para regresar a la residencial, a todo ritmo con las chicas del norte. La cita era en el Sporting Club, en las canchas del guatón Salas. El clásico universitario U. de Chile – U. Católica era la ocasión para borrar esa historia que pesaba sobre todo a Chiri Amengual, que a todo esto, casi le sacan la mierda en el partido que arbitró. La barra estaba lista. Hasta una araña pollito esperaba el pleito. Arengas iban y venían en el camarín. Todo esto, con el son de la guitarra empleada por Chileno Medio y Mario, y otro de los grandes hits: “Somos amigos de Juanes…”, a propósito de la llegada del hombre que le hace al lead en CNN.

Y el partido. Un inicio poco trabajado para el arquero Cuéllar, que tenía barra propia. Pero dos goles salidos del convento lapidaron la ilusión de la U. Ni los guapeos de Ubiergo, que tuvo una estrecha relación con el número 14 de la Cato, pudieron calentar más el ambiente. Perdimos y parece que todo se vino abajo. Nada que decir, retirarse calladito. Ni Chato Morales podía darle explicación a lo que ocurría. Sólo quedaba desquitarse en Kamikaze. Chiri remataba con una frase sabia: “Había que mantener el resentimiento”.

En esa disco, abundaba la gente peloláis. Recuerdo que luego de vacilar su bien rato, bajé al primer piso y unas momias aparecieron de la nada. Pude observar a Caneo encaramado en la baranda del segundo piso, y unos vasos que estaban sobre las mesas, desaparecían misteriosamente, tal como en los Secretos del Mamo. En general, buen ánimo, a pesar de la derrota. Regreso en lote al refugio, y nuevamente Juan Gabriel penó en las habitaciones. Aunque esta vez, ni a Candonga pudieron despertar.

Jornada Tres: Hasta luego.

La tía de la residencial, literalmente nos echó cagando. Demoramos horas en desalojar el lugar, y los dueños del lugar tenían la terrible vena.  Los cabros lograron un honroso tercer lugar en fútbol. Chiri convirtiendo un penal para borrar el mal recuerdo del año pasado, y Caneo tapando otro, lo que motivará a hablar de él todo el año. El apuro por llegar al gimnasio de la PUCV motivó incluso una infructuosa negociación con un chofer de micro para que llevar al equipo de volley al campo de juego.  No sirvió. Los locales nos mandarían para la casa en cuarto lugar con un contundente 2-0.

Pero lo más lapidario vino después. Luego de las jornada de gloria de nuestras chicas, la Cato no tuvo piedad con nuestras goleadoras y perdieron, quedando segundas. Lo mismo sucedería en básquetbol con los muchachos, segundos bajo los Ponticuicos, mientras que las chicas campeonaron en esa rama.

Hay que decirlo. Bien carreteado, hueveado, cantado, tomado, fraternizado. Pero nos fue como la callampa, y a pesar de haber fraternizado como nunca con la Cato, nos pasaron una máquina que ni en las elecciones de la Fech se puede ver. Las chicas se picaron con los varones y con un sutil “sin los ebrios, libres conchetumadre” acusaron la mojada de camiseta con etanol.

Tenemos todo un año para remordernos la conciencia deportivamente. Quedó claro, también y por unanimidad, que Pablo Cuéllar se llevó el título de “estudiante correcto”. Un tercer lugar, tras los campeones de la UCV y los segundones de siempre, que no puede dejarnos conformes. El Bicentenario, definitivamente, habrá que desquitarse en La Serena o Concepción.

Y ahora, un bonus track. La próxima semana, los grandes hits de las olimpiadas:

About the Author

Estudiante de periodismo de la Universidad de Chile. Director fundador de El Aguja en 2004.