Generalmente las primeras veces siempre se recuerdan de una manera especial. Tres individuos nos cuentan sus experiencias cuando se estrenaron como mechones en sus respectivas vidas.
EL AGUJA, Edición nº 3
9 de Marzo de 2009
En la tele de Aníbal Toro
Un mechoneo “excesivamente” diferente
Aún recuerdo ese momento donde entraría a mi primer día en la Universidad. Y no por lo traumática de la experiencia, sino por el gran contraste que ví entre lo que esperaba y lo que pasó aquellos días.

Ya el día de la Matrícula fue el presagio. Después de todo el proceso, los cabros de segundo me invitan a ir a un lienzo que tenían puesto en el Hall. Ya… ¿Y? La sorpresa era que tenía que pintarme las manos y dejarlas marcadas en el lienzo. ¡¿Quéee?! Es ahí donde piensas: ¿Y pa’ esto entré a la Chile? Bueno, entre que te jodieran la ropa, el pelo y la dignidad, y que te pinten las manos… no es tan malo después de todo.
La primera semana de clases sucedió lo que se veía venir. En vez de un mechoneo típico, con huevos, harina, vinagre, ropa rota y olores fétidos, se hicieron competencias, alianzas, al más puro estilo colegio en aniversario. Es ahí cuando tu imagen de primeros días de Universidad se te derrumba. Uno que iba preparado pa ser faenado por sus compañeros de segundo… y al final, terminaste jugando a la pelota, a tirar la cuerda o a cualquiera de esas pruebas “súper locas” que se te ocurren para ocasiones como ésas. Insisto, igual buena onda que no te hagan las mismas barbaridades que el resto. Pero, ¿Tenemos que irnos al otro extremo?
Este año vi las actividades que le esperaban a los mechones 2009 en mi Facultad, y se intensifica el mensaje: Una semana de juegos para que se conozcan y se “integren” con los cabros más grandes. Padrinos, alianzas, pruebas más osadas, como misiones imposibles (y créanme que hay que tener perso para hacerlas), etcétera. Pero sigue siendo la misma esencia: Un mechoneo excesivamente diferente a lo que ves en otros lados. Ves la tele y piensas: “A mí no me hicieron eso, y estoy en la Chile”. Es ahí donde le encuentras razón a tus amigos de otras facultades, cuando te dicen que FEN es como la PUC. No andan tan perdidos, cabros.
En la tele de Chikocl Garrido
Solamente una vez
Aún recuerdo ese momento donde entraría a mi primer día en la Universidad. Y no por lo traumática de la experiencia, sino por el gran contraste que ví entre lo que esperaba y lo que pasó aquellos días.
Ya el día de la Matrícula fue el presagio. Después de todo el proceso, los cabros de segundo me invitan a ir a un lienzo que tenían puesto en el Hall. Ya… ¿Y? La sorpresa era que tenía que pintarme las manos y dejarlas marcadas en el lienzo. ¡¿Quéee?! Es ahí donde piensas: ¿Y pa’ esto entré a la Chile? Bueno, entre que te jodieran la ropa, el pelo y la dignidad, y que te pinten las manos… no es tan malo después de todo.
La primera semana de clases sucedió lo que se veía venir. En vez de un mechoneo típico, con huevos, harina, vinagre, ropa rota y olores fétidos, se hicieron competencias, alianzas, al más puro estilo colegio en aniversario. Es ahí cuando tu imagen de primeros días de Universidad se te derrumba. Uno que iba preparado pa ser faenado por sus compañeros de segundo… y al final, terminaste jugando a la pelota, a tirar la cuerda o a cualquiera de esas pruebas “súper locas” que se te ocurren para ocasiones como ésas. Insisto, igual buena onda que no te hagan las mismas barbaridades que el resto. Pero, ¿Tenemos que irnos al otro extremo?
Este año vi las actividades que le esperaban a los mechones 2009 en mi Facultad, y se intensifica el mensaje: Una semana de juegos para que se conozcan y se “integren” con los cabros más grandes. Padrinos, alianzas, pruebas más osadas, como misiones imposibles (y créanme que hay que tener perso para hacerlas), etcétera. Pero sigue siendo la misma esencia: Un mechoneo excesivamente diferente a lo que ves en otros lados. Ves la tele y piensas: “A mí no me hicieron eso, y estoy en la Chile”. Es ahí donde le encuentras razón a tus amigos de otras facultades, cuando te dicen que FEN es como la PUC. No andan tan perdidos, cabros.
En la tele de Coco Chamorro
Salvado por la caña
Si es tú primera vez en la universidad, de partida te digo que no duele. Es más, te acostumbras bastante rápido a la vida universitaria.
Cuando me tocó asistir un lunes al instituto de la comunicación e imagen (ICEI), estaba con los nervios hechos mierda. No suelo ser alguien que se integre a lugares y eso se debe a mi naturaleza desconfiada. La suerte es que todos estaban igual de cagados que yo, y como si se tratase de un comunismo de personalidad, todos éramos iguales.
Ese día llegué y como no cachaba bien la entrada a la facultad, me di la vuelta weona por Ignacio Carrera Pinto, es decir, entré por la facultad de Sociales (esa que me gusta tanto). El pequeño detalle es que me bajé en Grecia con Macul.
Igualmente, tras la caminata, llegué ultra sicoseado a la facultad. No por nada investigué antes y leí por algunos sitios que nuestra ropa sería brutalmente dañada en su integridad (para que hablar del pelo), así que fui con la peor ropa que tenía. Además, me aseguré de contactar uno que otro compañero antes de entrar, eso sin duda te puede salvar algo al momento de presentarte (aunque la gente que conozcas al principio no necesariamente llegará a ser de tus amigos a fin de año, es relativo).
La cosa es que llegué y nos encontrábamos todos los mechones afuera, como ganado esperando ser faenado. Intercambié un par de palabras con algunos de los que estaban allí y se notaba que todos estaban igual, más perdidos que la chucha. Tras ese interludio, nos llevaron hacia el auditorio, donde supuestamente nos darían la bienvenida.
Obviamente uno va siempre a la defensiva y era sensato hacerlo, pero tan solo fue una simple charla. Me senté en el auditorio y pude divisar a los amos y señores del ICEI, con la jefa suprema del instituto al mando, doña Faride Zerán. Allí nos dieron una charla soltándonos todo el bla bla de que somos la mejor escuela de periodismo del país. Ante eso, solamente escuché lo que dijeron y luego nos retiramos.
A la salida, raudo y veloz pensé: “Aquí nos cagan”, ya que a las afueras del auditorio estábamos demasiado expuestos. Pero nada, solamente unas mesitas con las súper carpetitas del ICEI. Tras eso, fui a ver los horarios y esas cosas, para luego irme sin más a dormir a mi casa. A fin de cuentas, el primer día fue cero aporte, pero mi vida en la u recién comenzaba.
Luego intentaron mechonearnos, pero eran como 5 contra 50, lo cual era algo estúpido. Después de eso fuimos a Cartagena, lo pasé la raja, tanto que terminé ultra borracho (de hecho pedí que pararan el bus llegando a Santiago para poder ir a mear). La cosa es que llegué a mí casa (no sé como llegué) y me acosté de una. Al despertar, con un hacha vikinga metida en mi cabeza, me conecté alrededor de las 5 de la tarde al MSN. Para mí sorpresa, un compañero me habla: “WEÓN, NOS MECHONEARON HOY”, yo simplemente miré al cielo (bueno, al techo de mí casa) y dije: “Gracias santa resaca por favor concedido”.
